 El día de ayer fue un viernes que tiñó de rojo y negro las festividades de aniversario de nuestra comuna. Creo que a todos quienes fuimos testigos del fatal accidente se nos recogió el corazón; primero, cuando pensamos en el sufrimiento de las personas involucradas y luego era imposible no pensar que algo así podría ocurrirnos a nosotros.
Viernes, para muchos marca el fin de una ardua semana laboral, hay quienes tienen prisa por regresar al hogar, otros tienen algún motivo que celebrar y un “san viernes” los espera. En fin, son muchos los que justifican la presura. En mi caso, debía trabajar a las 19:00 hrs., como buena chilena, salí de casa con un tiempo bastante limitado, debía apurarme. Pasado el paradero que está después del puente La Araucana había un jeep con las luces de estacionamiento encendidas, éste se estaba comenzando a mover, a pesar de esto, decidí adelantarlo. Lamentablemente me dió la impresión que a quien conducía este jeep no le pareció bien que yo quisiera ganar unos minutos, porque cuando llegamos al omnipotente signo PARE del cruce de la línea del tren en Periquillo, el mismo jeep al cual yo había tenido la osadía de sobrepasar, me adelantaba sin respetar estos símbolos a los cuales todos debemos rendir honores. Al ver esto un pensamiento no muy grato me acompañó el resto del viaje, reflexioné acerca del nivel de agresividad y competencia que se ve en algunos conductores, también medité acerca de mis propias imprudencias (aunque trato de que no sean muchas) sobre las 4 ruedas. Luego, de regreso a casa me demoré más de la cuenta, porque alguien frente al volante no midió consecuencias. El llamado de alerta es para replantearnos el sistema de prevención de accidentes. Si bien es cierto, vemos que cada año se realizan campañas intensivas, éstas parecieran no modificar las conductas irresponsables de quienes son los encargados de guiar los vehículos.
¿Qué se puede hacer? Redoblar esfuerzos, incorporar la educación vial en los programas educativos. Enseñar desde muy pequeños a los niños a ser buenos peatones, especialmente en Hualqui, en donde no hay semáforos y la gente acostumbra a caminar por la calle. Por otro lado, está el hecho de que en Chile, quizás es muy fácil obtener una licencia de conducir, aparte del examen físico sería bueno un examen psicológico. Perdón por la auto referencia, pero voy a relatar otra experiencia de la que fui testigo. Hace un tiempo atrás, venía hacia Hualqui de co-piloto en amena conversación con el conductor del vehículo, éste se distrajo, no vio el color rojo del semáforo y siguió adelante (pecado capital). Un par de metros más allá, nos detuvo un carabinero. ¿Qué pasó? –pregunté- me pasé el rojo contestó con tono culpable. El policía siguió el procedimiento de rigor y comenzó a cursar el parte. Mi consciente guía no reclamó nada, sólo asumió su responsabilidad. Después de unos segundos el carabinero lo observa y le dice: “sabe, vaya tranquilo, tenga más cuidado para la próxima. Ud. supiera a todos los insultos a los que nos vemos expuestos cuando cursamos un parte…”
Finalmente, queda hecha la invitación para crear conciencia sobre la responsabilidad que cada uno tiene cuando hace uso de las vías públicas, a ser autocríticos… en definitiva a valorar la vida.
Claudia
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